Rentabilidad de la Microcogeneración II

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Rentabilidad de la Microcogeneración II

Analizábamos en un artículo anterior la rentabilidad de la microcogeneración desde un punto de vista simplificado. Vamos a realizar ahora un análisis complejo mucho más preciso introduciendo una serie de consideraciones adicionales.

La primera de ellas es que una instalación de microcogeneración nunca se puede presentar aislada. Su producción eléctrica y térmica es constante mientras que las curvas de consumo no lo son, y un correcto dimensionado nos llevará siempre a equipos cuya producción quede por debajo de las curvas de demanda. Por lo tanto debe haber sistemas de apoyo para producir la energía térmica faltante y además debemos estar conectados a la red para cubrir el resto de la demanda eléctrica.

La segunda es que el estudio de ahorros conseguidos y costes de operación debe realizarse de forma global; puesto que hay otros elementos que necesariamente han de estar presentes en la instalación lo correcto es tener en cuenta los consumos de todos ellos y balancearlos contra una instalación convencional de referencia.

Por último, la sobreinversión debe contemplarse igualmente de forma global teniendo en cuenta todos los equipos necesariamente presentes en la instalación y no únicamente el motor de microcogeneración.

Una vez sentadas estas consideraciones vamos a volver al estudio de rentabilidad analizando bajo una nueva óptica los tres factores de ahorros conseguidos, costes de operación y sobreinversión. Para centrar el estudio describiremos una instalación típica aunque las conclusiones con cualquier otro tipo de instalación serían análogas.

Esta instalación consta de un motor de microcogeneración a gas natural, una caldera de apoyo del mismo combustible y conexión a la red eléctrica. De esta forma nos adaptamos perfectamente a la curva de demanda térmica y eléctrica. El motor funciona el mayor tiempo posible con el mínimo de paradas; cuando hay mayor demanda térmica entra en funcionamiento la caldera de apoyo, y cuando hay mayor demanda eléctrica nos abastecemos de la red.

El coste energético es el de la electricidad comprada a la compañía eléctrica para cubrir el exceso de demanda, y el del gas comprado a la compañía de gas para alimentar el motor y la caldera de apoyo. El coste de operación es el de mantenimiento del motor según sus horas de funcionamiento que ahora vienen establecidas por las curvas de demanda, y el mantenimiento de la caldera de apoyo. Por último la inversión es la correspondiente al motor y la caldera de apoyo.

La instalación convencional de referencia es una caldera de gas natural capaz de cubrir toda la demanda térmica, y conexión a la red eléctrica. Obviamente esta instalación también se adapta perfectamente a la curva de demanda térmica y eléctrica.

En este caso el coste energético es el de la electricidad comprada a la compañía eléctrica para cubrir la totalidad de la demanda, y el del gas comprado a la compañía de gas para alimentar la caldera. El coste de operación es únicamente el mantenimiento de la caldera, y por último la inversión es igualmente la correspondiente a la caldera.

El ahorro conseguido es la diferencia entre el coste energético de la instalación convencional de referencia y la instalación de microcogeneración. Con esta última compraremos más gas y menos electricidad a las compañías suministradoras con un balance neto positivo dada la diferencia de precio entre ambas energías.

El sobrecoste de operación es la diferencia entre el coste de operación de la instalación de microcogeneración y la instalación convencional de referencia, que coincide con el coste de mantenimiento del motor y la diferencia de coste de mantenimiento de las calderas.

Por último la sobreinversión es la diferencia de inversión entre el motor y la caldera de apoyo, y una caldera única dimensionada para toda la demanda térmica.

Para realizar ahora el análisis de rentabilidad debemos disponer de los flujos de caja a lo largo del tiempo. El primero, la sobreinversión como un flujo negativo, y a continuación los ahorros conseguidos como flujos positivos y los sobrecostes de operación también como flujos negativos. Su balance nos dará el pay-back y la tasa interna de rentabilidad o TIR de la instalación.

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